
Invocación
(P. Panes)
Bendita sea tu
pureza,
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se
recrea
en tan graciosa
belleza.
A ti, celestial
princesa,
Virgen sagrada,
María,
te ofrezco desde este
día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión;
no me dejes, Madre
mía.
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