30 julio 2020

LA PERLA DEL REINO DE DIOS


ENCUENTRO DE ORACIÓN DE JULIO 2020

Como cada último Miércoles de mes, el Grupo de Oración ha vuelto a encontrarse en la Capilla de nuestro Señor.

Este mes hemos vivido la Festividad de la “Reina del Carmelo”, la Solemnidad del Apóstol-Peregrino y la Festividad de los abuelos de Jesús: Joaquín y Ana. Todos ellos, supieron de la importancia del Reino, y trabajaron para que los planes de Dios salieran adelante. Y no de manera fácil o como si de un cuento de hadas se tratase. Sino afrontando circunstancias difíciles, momentos de temor y de incomprensión. Decisiones inciertas, pero siempre llenas de confianza en Dios. Por ello, esta apuesta por el reino, será el tema de reflexión y oración en este encuentro tras la lectura de la Parábola del tesoro escondido y la perla preciosa.

La historia de Jesús comienza con un mercader que “busca buenas perlas”, lo que irremediablemente nos lleva a considerar que existen perlas no tan buenas o definitivamente malas. Las perlas son muy valoradas en la joyería desde los tiempos antiguos.

Debemos entender que este mercader, entonces, no era un comerciante o vendedor común. Estaba abocado a buscar lo mejor y no se conformaba con cualquier clase de perla.

Su búsqueda rinde sus frutos cuando al fin logra encontrar una perla de gran precio, pero aún no ha concluido su labor. Es interesante anotar que la historia contada por Jesús nos lleva a pensar que lo valioso nunca está a la mano y siempre, como una ley en la vida, hay que esforzarse para encontrarlo.

El comerciante ni se cruzó de brazos ni se sentó a esperar que llegara la perla. Tuvo que salir a buscarla.

El mercader está ante una perla cuyo valor sobrepasa su presupuesto, se ve obligado a vender todas sus posesiones con tal de adquirirla. Él puede renunciar a tenerla, pero sabe que está ante una oportunidad única y tal vez irrepetible, por eso decide comprarla aunque en esa decisión se vaya toda su riqueza.

¿Qué lo lleva a esta determinación? Lo lleva la seguridad de estar ante algo que tiene muchísimo valor y difícilmente podrá encontrar otra igual como esa y por eso renuncia a todo lo que tiene sabiendo que en la vida hay oportunidades que se presenta sólo una vez.

Al final de cuentas el mercader lo único que está haciendo es invertir. Él sabe que su inversión la recuperará con creces. Hoy se queda sin nada, pero mañana tendrá lo que necesita.

Finalmente el mercader haciendo un esfuerzo superior compra la perla. No estaba en condiciones de hacerlo, pero finalmente lo ha hecho y tiene en su posesión algo muy valioso que en la primera oportunidad rendirá sus frutos o traerá bendición a su existencia.

Jesús usó está historia para enseñarnos varias verdades.

El evangelio tiene un valor incalculable. El reino de los cielos es algo valiosísimo para quienes le dan cabida en su vida o para aquellos que deciden ser seguidores de Cristo. Contrario a lo que muchos pensaban en aquella época y hoy algunos piensan, esto no es una perdida.

Se tiene que dejar todo o se tiene que pagar un precio. Por supuesto que es un precio alto porque ese es su valor. Lo que se encuentra a la mano o abunda no necesariamente tiene valor. El evangelio vale y vale mucho. Hay que “pagar” con una vida incondicional al Rey de ese reino.

Demanda esfuerzo. Vivir para Dios jamás podrá ser sinónimo de cruzarse de brazos y sólo esperar. Hay un “hacer y un quehacer” que sus seguidores deben realizar.


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