Hay historias dentro de la vida de Hermandad que muchos desconocen. Cuando falleció nuestro querido Eliseo, hace ya casi 18 años, su mujer, Margarita, trajo su medalla del Rocío de la Hermandad de Trigueros (lugar donde nació) para que el Señor la llevase en la Estación de Penitencia. Cada año, se coloca en uno de los brazos del candelabro arbóreo delantero, derecho junto al rosario y al lazo de luto por los que ya gozan de la Mirada Dulce de Jesús. Hoy, lunes de Pentecostés, el día del Rocío, ponemos en las manos de la Virgen, de la Blanca Paloma a cuantos creyeron y trasladaron sus devociones cristianas a su hijos y nietos. Un beso al cielo, un padre nuestro por todos ellos, especialmente por Eliseo.
¡Viva el Rocío! ¡Y viva la Madre de Dios!

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