28 octubre 2026

¿QUÉ ES LA HUMILDAD?


Encuentro del Grupo de Oración. Octubre de 2026.

Termina este mes, y volvemos a las plantas del Señor a llenarnos de la paz y el amor de Dios hecho hombre. Especialmente en estos días en que vamos a celebrar el 40 Aniversario de la Refundación de nuestra Hermandad y nos encaminamos al cierre del Año Jubilar Franciscano, venimos hoy a hablar de la advocación de nuestro Señor, de la Humildad. Esa que han pregonado nuestros antepasados, esa de la que Cristo y muchos de los santos han sido ejemplo, pero de la que muchas veces desconocemos o equivocamos su verdadero sentido.

La humildad según la RAE, es una virtud humana que consiste en reconocer con sinceridad las propias limitaciones, debilidades y errores, actuando en consecuencia sin necesidad de imponerse ni alardear de los logros o bienes propios. Junto a esta definición, nosotros reflexionaremos con un bello texto de Vicario Episcopal de la Diócesis de Almería, el Rvdo. D. Manuel Pozo Oller.

Ofrecemos este encuentro por todos aquellos que no entienden el mensaje de la sencillez. Para que a través de la Humildad sepamos ponernos en el lugar del otro. Que Jesús, y especialmente, su bendita Madre, San Francisco y María Ana sean nuestro modelo para llegar alcanzar la humildad que nos hace más auténticos, que nos acerca a Dios y al hermano.

MÚSICA: Aquí estoy Señor.
https://www.youtube.com/watch?v=o0ihbI15FaA&list=RDo0ihbI15FaA&start_radio=1

LECTURA: Santo Evangelio según San Juan13-20.
Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego, puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; más lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos.

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; más para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy. De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Palabra de Dios.

REFLEXIÓN: La Humildad. Rvdo. D. Manuel Pozo Oller.

Lejos de aparecer frágil, la persona humilde hace visible su grandeza. La humildad, cuando es auténtica y sincera, conmueve desde la sencillez. Ya en su etimología nos refiere a lo esencial, a la tierra. Porque la palabra humildad viene del latín “humilis”, y ésta a su vez de humus: aquello de lo que la naturaleza se desprende y que a su vez la enriquece, la fertiliza y la hace crecer.

Lejos de ser frágil, la humildad nos muestra la grandeza de la persona que la manifiesta, precisamente porque nace del sentimiento de la propia insuficiencia: siempre hay algo o alguien de quien aprender; siempre es posible hacer las cosas mejor, siempre puede uno cuestionarse el valor y sentido de lo que está haciendo en su vida personal y profesional, y desde allí afrontar nuevos retos, desarrollar nuevas habilidades, aprender nuevas lecciones o construir nuevos puentes. Por ese motivo, la humildad va de la mano de la conciencia y tiene un enorme poder de revelación porque desde ella las perspectivas de pensamiento y de actuación son infinitas, ya que nacen del sentido común, de la duda razonable, de la desnudez que reconoce que aún queda mucho trabajo por hacer, siempre, para encarnar la realidad en todas sus dimensiones: en uno mismo, en la relación con el otro, en nuestros actos o creaciones, en la vida.

Afortunadamente, la riqueza que genera la humildad no se apalanca en la droga del éxito que tanta adición genera, y que es como un pozo sin fondo o como zanahoria que se mantiene a distancia constante de la nariz y hace que el burro tire del carro hasta que revienta de puro agotamiento movido por una quimera. Quizá por ese motivo, la humildad tiene mucho más que ver con el cumplimiento que con el éxito; con cumplir con el deber, con lo prometido, con lo acordado, con hacer bien lo que se debe hacer, lo que toca hacer, lo que es necesario. Luego, el humilde no se vanagloria o se distrae en sus logros, sino que sigue trabajando y disfrutando con su tarea, cómo no, sabiendo que el éxito no es un fin en sí mismo, sino un síntoma al que no conviene prestar demasiada atención porque no sólo despista, sino que aturde y hasta puede generar una severa y aguda idiotez y ensimismamiento que se manifiestan como consecuencia de la adulación colectiva.

Tampoco conviene confundir la humildad con la falta de modestia, que no deja de ser una vanidad sumamente hipócrita, ya que precisamente la humildad es lo contrario de la vanidad. Y mientras ésta nos ciega, nos aleja de la realidad y nos separa de los demás, la humildad nos revela y nos pone en contacto con lo real, con lo esencial, con lo auténtico que podemos encontrar en lo exterior y en nuestro propio interior.

Su expresión se manifiesta en las pequeñas cosas, en los detalles, en códigos de comunicación para nada aparatosos, sino sencillos y básicos, pero de enorme valor para el que los recibe. Así, esos detalles humildes se convierten en regalos acaso aquellos a los que damos más valor, porque son auténticos. Con el tiempo, son estos obsequios los que recordamos con la perspectiva que nos va dando la vida, y sabemos que esos y sólo esos regalos son los que quedan porque están en la memoria, más allá de la materia, y nada ni nadie nos los puede quitar. Hoy, que casi todo está al alcance de nuestra mano, sea en efectivo o en cómodos plazos, olvidamos el valor de lo esencial, que no se paga con dinero y que es humilde en su esencia, pero de valor no cuantificable, a veces incluso infinito.

Saber escuchar; brindar a alguien nuestra receptividad silenciosa, acallando nuestra propia necesidad de hablar; abriéndonos a la necesidad del otro de saberse atendido, acompañado, respetado es, sin duda, un gesto de humildad que fertiliza la relación y enriquece el valor de la amistad.

Reflexión:
- ¿Crees que ser humilde implica aceptarse tal y como uno es, con virtudes y defectos, sin sentirse superior ni inferior a los demás?
- ¿Confundimos la Humildad con debilidad o sumisión? La humildad no significa rebajarse, dejar que te pisoteen o esconder el talento propio, sino tener la valentía de saber cuándo se necesita ayuda.
- ¿La entendemos como una apertura al aprendizaje? Una persona humilde sabe que no lo sabe todo, escucha con atención a los demás y está dispuesta a cambiar de opinión o corregir errores.
- ¿Reconocemos al humilde en el gesto sencillo? ¿En la falta de arrogancia, en la capacidad de entrega o en no aferrarse a lo material?

MÚSICA: "Hazme humilde, Señor” (Canción Inspirada en las Letanías de la Humildad)
https://www.youtube.com/watch?v=uCE5ykIA7aE&list=RDuCE5ykIA7aE&start_radio=1

ORACIÓN FINAL: Oración a san José para pedir Humildad.

Enséñanos, José, cómo se es “no protagonista”, cómo se trabaja sin exhibirse, cómo se avanza sin pisotear, cómo se colabora sin imponerse, cómo se ama sin reclamar, cómo ser eslabón entre el presente y el futuro, cómo luchar frente a tanta desesperanza.

Dinos, José, cómo se vive siendo “número dos”, cómo se hacen cosas formidables desde un segundo puesto –el segundo lugar, en el que está nuestra verdadera y oculta grandeza.

Dinos, José cómo se sirve sin mirar a quién, cómo se sueña sin más tarde dudar, cómo morir a nosotros mismos, cómo cerrar los ojos, al igual que tú, en los brazos de la buena Madre.

Explícanos, José cómo se es grande sin exhibirse, cómo se lucha sin aplauso, cómo se avanza sin publicidad, cómo se persevera y se muere uno sin esperanza de un póstumo homenaje, cómo se alcanza la gloria desde el silencio, cómo se es fiel sin enfadarse con el cielo, cómo se hace para ser útil, positivo, generoso sin necesidad de ser “importante” y todavía más difícil, cómo se hace para darlo todo, sin ser protagonista, y a pesar de ello, sentir por dentro profunda paz, felicidad y gozo. ¡Enséñanos, buen padre José! Amén
PADRE NUESTRO/AVE MARÍA/ GLORIA

No hay comentarios:

Publicar un comentario