TEXTO INTRODUCTORIO
Compartimos la
oración que nos reúne al lado del Señor.
Termina el
mes de agosto tras celebrar días importantes como “el Perdón de Asís”, los santos
franciscanos: como Roque y Clara, y, por supuesto, la Solemnidad de la Asunción
de la Virgen.
En pocos
días cerraremos el tiempo vacacional y volveremos a nuestros puestos en la vida
como si de una expedición espacial se tratara. ¿Y cómo nos enfrentamos a ello,
desde la alegría o desde la pesadumbre de la vuelta a la rutina?
Ofrecemos
esta oración por todos los que comienzan esta nueva etapa. Por aquellos que se
encuentran hundidos en la tristeza y hallen en Jesús la fuente de la alegría
cristiana.
Comencemos sin
perder la actitud con la que siempre venimos aquí.
LECTURAS: Filipenses (4,4-13)
Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra
gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada
estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en
toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa
todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en
Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo
justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay
virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y
recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con
vosotros.
En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro
cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la
oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme,
cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia;
en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener
hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece.
MÚSICA: La alegría de mi Dios.
https://www.youtube.com/watch?v=vHibk6F05uI
REFLEXIÓN: La botella de la felicidad.
En un establecimiento se vendían al peso alegría y felicidad. Un día,
llevado por los rumores, llegó a la tienda un hombre muy triste. Iba encorvado
y arrastrando los pies. Se plantó delante del tendero y preguntó con voz
lánguida:
- ¿Venden aquí alegría?
- ¡Claro! - le dijo corriendo a la trastienda.
El tendero volvió enseguida y dejó encima del mostrador una botella
transparente, aparentemente vacía. La envolvió cuidadosamente y la introdujo en
una bolsa.
- Aquí tiene - le dijo, ofreciéndole la compra con una gran sonrisa.
El hombre lo miró extrañado, pero viendo al tendero tan seguro, le pagó y
salió de la tienda con la sensación de haber sido estafado.
Cuando llegó a casa abrió el envoltorio y encontró un papel en el que
decía: Cuando lo embargue la tristeza, siga las instrucciones:
1. Quitar el tapón y aspirar profundamente el aire de la botella.
2. Taponar inmediatamente la botella.
Se recomienda no hacer más de una aspiración al día. Puede ocasionar
empacho de felicidad.
El hombre triste siguió cuidadosamente las instrucciones, y decidió en ese
mismo instante probar sus efectos.
Destapó la botella y aspiró con fuerza.
Rápidamente, siguiendo las instrucciones, volvió a taponar la botella.
A los pocos minutos empezó a sentirse muy contento. Canturreaba y bailaba
dando vueltas por toda la casa. Salió a la calle y, sonriendo a todos, vio que
todo el mundo le devolvía la sonrisa. A la hora de regresar el efecto milagroso
se iba pasando y, poco a poco, se volvió a poner triste. Se acostó pensando que
hacía años que no se había sentido tan feliz.
Al día siguiente, nada más despertar, destapó la botella y aspiró con mucha
fuerza tapándola inmediatamente.
Al momento, le entró apetito y se preparó un zumo de naranja, unas tostadas
con aceite y jamón y unas ciruelas, que le supieron a gloria. Se puso de muy
buen humor.
Salió a la calle y, lo mismo que el día anterior, empezó a cantar y bailar
demostrando a todos su alegría. No fue hasta el anochecer cuando notó que de
nuevo la tristeza se apoderaba de su ánimo. A pesar de saber que no debía
hacerlo, fue a buscar la botella, la destapó y aspiró con todas sus fuerzas
tres veces seguidas.
Al momento, comenzó a reír como un loco. No paró de bailar, cantar y reír
en toda la noche, hasta que estuvo tan cansado que cayó embriagado.
No despertó hasta el atardecer del día siguiente. Efectivamente, había
tenido un empacho de felicidad tan grande que estaba exhausto. No aspiró el
aire milagroso esa tarde.
A la mañana siguiente no se despertó tan triste como en otras ocasiones,
era como si el efecto del aire se mantuviera. Decidió no aspirar de la botella
hasta casi mediodía.
Ahora, solo una vez. Y de nuevo se puso muy alegre contagiando a todo el
que veía.
Así estuvo un tiempo. Notó que cada vez tenía menos necesidad de aspirar el
aire de la botella, porque sin apenas darse cuenta fue olvidando su tristeza.
Tanto, que un día se olvidó de ella por completo.
PARA REFLEXIÓN:
- ¿Qué es
para ti la felicidad? ¿Y la tristeza?
- ¿Te
acuerdas de algún momento de tu vida en el que hayas sido especialmente feliz?
¿Y triste?
- ¿Qué haces
tú cuando estás triste? ¿Dónde encuentras la fuerza para seguir adelante, para
sostenerte? ¿La Fe en Dios es ese aliento como cuando el personaje aspira de la
botella?
- ¿Vivimos
alegres, contagiamos esa alegría como cristianos o caemos en la desgana y la
tristeza de un mundo negativo?
- ¿Cómo puedes
ayudar a tus amigos, padres o hermanos para que sean más felices?
- ¿Cómo
enfrentas este nuevo ciclo, este nuevo curso después de las vacaciones?
- ¿Ofreces a
Dios todo lo bueno vivido en el verano?
MÚSICA: Himno de la Alegría
https://www.youtube.com/watch?v=lKPWZi25DA0
ORACIÓN FINAL: Oración de la alegría
¡Qué alegría! saber que estás de mi parte, haga lo que haga…
¡Qué alegría! sentir que me aceptas como soy, y que no necesitas que me
justifique…
¡Qué alegría comprobar tu fidelidad inagotable, inamovible como la Roca!
¡Qué alegría! poder decirte «Te quiero», y Tú creértelo a pesar de todo…
¡Qué alegría hacer contigo de la vida una historia de amor…
Qué alegría descubrir que otros te aman y que Tú les amas,
y saber que sus amores, como el mío, los necesitas…
¡Qué alegría poder regalarte algo de todo lo que tú me has dado antes!
¡Qué alegría! tenerlo todo en Ti, no teniendo yo nada.
¡Qué alegría me da Señor, que me quieras tanto!
PADRE NUESTRO/AVE MARÍA/ GLORIA